MEDARDO ROSSO: FORMA Y MATERIA
DILUIDAS EN EL ESPACIO


Textos: Lola Soto Vicario 

“¡No existimos! Somos sólo juegos de luz en el espacio.
Nada es material en el espacio, porque todo es espacio y, por tanto,
todo es relativo.”

 

Medardo Rosso


Contemplar las piezas del escultor Medardo Rosso (Turín, 1858 - Milán, 1928) es dejarse seducir por el hechizo del desdibujamiento de las formas, la disolución de los volúmenes y la liberación definitiva de los contornos, es abandonarse a la frescura de los trazos abiertos y simplificados sobre materiales dúctiles como la cera; la distorsión deliberada, el más audaz abocetamiento sin pulir. Con todo ello, con una dicción totalmente abierta y libre a la hora de modelar, Rosso crea unos ambientes de movimiento en torno a las figuras y modela como si pintara a grandes rasgos, muy intuitivamente, acabando zonas o dejando otras menos definidas, teniendo siempre en cuenta la incidencia o no de la luz para generar tonalidades y texturas expresivas, buscando lo transitorio y lo efímero, pensamos que con una esencia muy cercana a un apunte del gran Ignacio Pinazo

Mi primer contacto con la obra de Medardo Rosso, hace más de 30 años, tuvo lugar en una clase de Escultura, donde se nos pedía realizar una copia en tres dimensiones a partir de una imagen bidimensional. Elegí una de las versiones de “El corredor de apuestas”, que desarrollé en escayola con pátina de bronce. A partir de ahí, me interesé siempre por esa manera tan evocadora de sintetizar unas figuras que se nos revelan como vistas desde lejos al eludirse sus detalles en favor de una expresión totalmente viva del material por sí mismo, huyendo absolutamente de la mímesis y tratando de lograr el sonido genuino del material.

Medardo Rosso. “El corredor de apuestas”. Bronce. Sin fecha

Rosso ahonda en el proceso creativo de la escultura a menudo mediante el empleo de la cera blanda, el material más directo, la vía más adecuada para plasmar su visión, así como el bronce o el yeso, en una búsqueda constante de resultados que combinan áreas lisas y con otras rugosas, con intencionalidad visualmente pictórica, incluyendo oxidaciones y aleaciones de forma que esas huellas lumínicas queden enfatizadas sobre la propia materia modelada.

Medardo Rosso consigue una impresión llena de gracia y movimiento, sabe cómo atrapar el momento fugaz y sutil de un rostro o de una actitud; la fragilidad, la inocencia o el desamparo humanos le mueven a crear una síntesis, una abstracción a partir de una experiencia vivida o del recuerdo de lo que previamente ha contemplado, sin un referente vivo delante del cual copiar. De ahí ese resultado aparentemente efímero, de primera mano, definitivamente despojado de todo lo superficial y lo permanente.

Ni siquiera se preocupaba Rosso por la concepción clásica de la escultura ideada para ser contemplada desde todos los ángulos, ya que diseñaba sus piezas para ser vistas frontalmente, sin plantearse trabajar las zonas traseras, tal y como vemos que ocurre en algunos grupos temáticos de su autoría. Profundizará así en el carácter bidimensional que propone una aproximación totalmente distinta a la tradicional: la pieza contemplada desde un ángulo único, básicamente frontal, omitiendo el concepto de bulto redondo de la escultura exenta. En sus figuras logrará esa misma sensación fugaz que igualmente apreciamos en la soltura con la que ejecuta sus dibujos a carbón o grafito, en los que el material también vibra por sí mismo gracias a la maestría con la que conjunta el trazo y la mancha, fundiéndose visualmente sus figuras con el aire que las rodea.

Medardo Rosso. “La conversación en el jardín”. Bronce. 1896-1897

Medardo Rosso. Apuntes en carbón y lápiz sobre papel. Sin fecha

Medardo Rosso. “Aetas aurea”. Cera. 1885

Huyendo del academicismo, llevará sus planteamientos hacia una modernidad evidente en esta concepción inacabada de la forma que adquiere un valor preponderante; hay algo transitorio, fresco, espontáneo, como un apunte del natural, con una expresión auténticamente viva y libre. Será a partir de 1883 cuando el escultor comience a explorar un nuevo campo de trabajo y a experimentar en soledad con una serie de piezas en las que prima la creación artística como proceso abierto que ya no persigue la representación mimética inicial, sino la interpretación plástica de una emoción verdadera, concepto completamente revolucionario y novedoso para su tiempo. Para ello, este proceso artístico que desarrolla incansablemente le llevará a ejecutar muy distintas versiones de un mismo tema en diversos materiales, todas ellas distintas entre sí, variando pátinas y acabados, incorporando óxidos, aleaciones, o aprovechando lo accidental al modelar, si bien todas ellas nacerán de una misma primera impresión-emoción.

Medardo Rosso. “El niño judío”. Cera sobre yeso. Hacia 1892

Medardo Rosso. “Ecce puer”, yeso, 1906; “Niño al sol”, yeso, 1892;
“Niño hambriento en la cocina”, cera, 1892-1893

Como modelos, Rosso se fijará a menudo en la gente más corriente que tiene más cerca, humilde, anónima y marginal, también en niños, ancianos y amigos, y tratará de representar la esencia que de ellos más le conmueve sin idealizarlos, sino interpretando sus formas subjetivamente: su abandono, su fragilidad, su inocencia, su sencilla condición humana. El discurrir de lo cotidiano fue siempre su referente como escultor: aquellos a quienes encontraba deambulando menudo por la noche por calles muelles a lo largo del Sena o en las estaciones eran los modelos que le atraían profundamente. A nivel expresivo, la cualidad cambiante que le ofrecen materiales como la cera o la escayola, su ductilidad, le proporcionan el medio idóneo para esculpir esa faceta inmaterial, instantánea y vulnerable de estos seres humanos representados con los rasgos diluidos que desaparecen en abruptos trazos confundidos con la luz. Y la luz tendrá su papel relevante como agente plástico que incide en lo mudable, que recae sobre las superficies lisas o abruptas, que condiciona lo que el espectador visualmente percibe, y que genera, como ya hemos sugerido, tonalidades y cualidades texturales que infunden vida en las figuras, rostros y bustos, en algunos momentos llegando a la completa abstracción formal.

Medardo Rosso. “Madame Noblet”. 1897 (pieza inicial). 
Yeso. Tercera versión después de 1914

Medardo Rosso. “Enfermo en el hospital”. Yeso con pátina. Hacia 1889

Medardo Rosso. “Niño en la cocina económica”. Yeso con pátina. 1893

Rosso evita representar la figura a la manera convencional de la época, para lo que elimina definitivamente cualquier vestigio de anatomía o de proporción clásica, y deja abierta la puerta a una novedosa manera de mirar y de “leer” sobre la superficie de la materia escultórica, permitiendo que el espectador interaccione directamente con sus piezas. Eligió omitir el volumen y el peso, y enfatizar la cualidad inmaterial de los personajes representados; igualmente, las dimensiones reducidas de sus figuras también tendrán su papel a la hora de acentuar esa faceta intimista y humana de sus pequeños héroes de la vida diaria.

Por otra parte, hay que decir que Medardo Rosso fundía él mismo sus obras en lugar de acudir a una fundición profesional, tal como lo hicieran Rodin y otros escultores parisinos, ya que deseaba que todas y cada una de las fases del proceso de la escultura estuviesen íntimamente entrelazadas e implicadas en el concepto mismo de creación artística realizada por él como único autor. Trabajó en la idea de la serie, para lo que exploró temas aislados (la infancia, la enfermedad, la decrepitud, la maternidad, la pobreza o los rostros comunes) a lo largo de sus múltiples posibilidades con un espíritu siempre libre, con manos tenaces y sensibles que modelaban seres vivos, profundos e igualmente sensibles.

Pieza de Medardo Rosso presentada en exposición

La obra “Ecce Puer” (He aquí el niño), de1906, en el taller del escultor

Medardo Rosso trabajando en su taller

Nos asombra su capacidad admirable de pasar fácilmente de un medio a otro, del dibujo rápido de boceto a la cera, del modelado al yeso, con total confianza y maestría genuinas, y la manera en la que acomete sus creaciones, sin límites, sin contornos que amarren las formas, aprovechando lo tosco y lo genuino del material, arrancando audazmente fragmentos de materia, despojando a la escultura de todo lo innecesario y buscando en ella lo abreviado y lo sobrio, para extraer de ella lo puramente fundamental. Sus reducidas figuras, su bustos, rostros y cabezas resultan ser como rápidas anotaciones plásticas, como apuntes realizados in situ que captan luces, deslumbramientos, que juegan con las sombras y presentan ligeros volúmenes en movimiento, tal y como sus dibujos apresan también lo transitorio circundante. El aire, el espacio, la inmaterialidad, el color austero y cálido, los reflejos y contrarreflejos, el uso de diagonales compositivas y la eliminación absoluta de detalles; la idea de globalidad, de unidad compositiva siempre estarán presentes, la no fragmentación del conjunto; en definitiva, un lenguaje plástico lleno de sugerencia, levedad material y poesía visual.

Medardo Rosso. “El corredor de apuestas”. Cera. 1894

Medardo Rosso. “El corredor de apuestas”. Cera negra. 1894

Medardo Rosso. “Efecto de un hombre que lee”. Cera sobre yeso.
Antes de 1923, a partir de una pieza de 1894-1895

En una carta a Carlo Carrá de 1926, Rosso expresará abiertamente su personal concepción de la obra escultórica: “nada es material en el espacio. No lo olvides. De hecho, ¿no es todo espacio-aire?”. Es esa inconsistencia de volúmenes y formas, esa liviandad con la que están hechas sus figuras las que producen en el espectador un cúmulo de sensaciones asociadas a un mismo sentir: que aquellas piezas son realmente tan sutiles, intimistas y sencillas como el discurrir de la vida, y nos revelan el alma palpitante y frágil de los seres de carne y hueso que representan.   

Gracias a los reiterados estudios y las numerosas exposiciones realizadas sobre Medardo Rosso en las últimas décadas, la exclusión de su obra de la historia de la escultura del cambio de siglo ya no tiene razón de ser. Como gran artista que fue, se propuso desarrollar unas vías de expresión sinceras y arriesgadas por las que nadie había caminado anteriormente, por lo que no recibiría en vida el reconocimiento merecido. Así pues, sus piezas, en la actualidad valoradas y mostradas ampliamente al público, hablan directamente al espectador sensible y le hacen cuestionarse acerca de su íntima condición humana humilde y frágil, despojada de todo lo elevado o lo grandioso, y convierten a Rosso en precursor indiscutible de la escultura moderna.    

Medardo Rosso. “Retrato de Henry Rouart”. Bronce. Hacia 1889-1890

Medardo Rosso. “Ecce puer” (He aquí al niño). Yeso patinado. 1906

Medardo Rosso. “Niño al sol”. Bronce. Hacia 1890-1892

“Vivir y pensar sin límites”


Medardo Rosso




WEBSITES CONSULTADAS (MUSEOS, CENTROS DE ARTE Y ARTÍCULOS)

https://medardorosso.org/

https://www.nationalmuseum.se/en

https://lagallerianazionale.com/

https://www.amedeoporrofinearts.com/

https://www.kmw.ch/

https://www.gamtorino.it/en/

https://www.moma.org/

https://iicmadrid.esteri.it/es/

https://www.metmuseum.org/

https://www.musee-orsay.fr/it

https://www.museonovecento.it/en/mostre/solo-medardo-rosso/

https://medardorosso.org/wp-content/uploads/2023/09/PRESS-KIT-MEDARDO-ROSSO-1.pdf

https://www.marionegri.org/scritti-dell-artista/medardo-rosso/

https://www.finestresullarte.info/en/exhibitions/in-rome-a-monographic-exhibition-on-medardo-rosso-and-his-relationship-with-the-ancient-at-palazzo-altemps

https://www.italianmodernart.org/i-work-for-the-future-medardo-rosso-and-seriality/

https://ropac.net/fr/exhibitions/90-medardo-rosso-sight-unseen/

https://documentacion.fundacionmapfre.org/documentacion/publico/es/media/group/1121670.do

https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-contemporanea/20231019/9292446/fundacion-mapfre-madrid-exposicion-medardo-rosso-escultura-moderna-brl.html


 

Las imágenes que ilustran el texto de este estudio han sido tomadas de la bibliografía y las websites citadas anteriormente. En ciertos títulos de las obras, se incluye la nota "Sin fecha" al no disponer la autora de ese dato.
 
Las conclusiones de este estudio sobre cuestiones plásticas están basadas en la observación directa de la obra de Medardo Rosso por parte de la autora.

Lola Soto Vicario es artista y Doctora en Bellas Artes por la Facultad de Bellas Artes de San Carlos de Valencia (Universidad Politécnica de Valencia).

 Más información y contacto:

Lola Soto Vicario